sábado, 8 de febrero de 2014

Era agua.

Era como el agua cuando llueve. Era una tormenta de verano, una tempestad en invierno. Era como las nubes con formas sensacionales en un cielo azul. Era como una carrera de gotas de agua motivada por un niño pequeño en la ventana de un coche. Era como la playa, las olas cuando rompen, la arena templada cuando atardece, la mirada inconsciente de un pintor ante un deleitado paisaje. Pero no sólo eso. Era también como el primer beso de dos adolescentes. Era, como la idea de una cerveza cuando la sed le volvía loco. Era ni más ni menos, como el frío en  verano y el calor en invierno. Era, como el volver a enamorarse, como el placer de hacerlo por la mañana. Era como terminar de leer un buen libro, como una ducha caliente después de hacer ejercicio. Era como la risa, como el llanto. Era la contrariedad de la verdad, el lado opuesto de las cosas que menos le gustan. La motivación al despertar. Era como morir y sentirse lleno. Era como la luz que guía el camino, como el decir al final de éste: sí, era él.


-V

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