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lunes, 10 de marzo de 2014

Media sonrisa

Hemos perdido. Dijo mi media sonrisa al no poder evitar haber vuelto a su rincón. Era experta en negar lo inevitable, era la mejor en contradecir al corazón. Yo, que me creía tan indestructible, me polvoricé entre sus piernas. Para mí, que desde que lo conocí no existieron principios, sólo finales. Y es que todos los principios eran finales disfrazados de oportunidades. Él que sin pensarlo destrozó mi razón y se hizo experto en mis sonrisas. 
Viajar sin moverse cobraba sentido entre sus sábanas. Sus suspiros eran un bucle de repetición en mi cabeza, los poros de mi piel pedían a gritos cualquier roce de su piel. Y ahora que recuerdo entre risas su boca, que imagino sus ojos a todo color clavados en mis letras, no quiero olvidarle.


sábado, 8 de febrero de 2014

Era agua.

Era como el agua cuando llueve. Era una tormenta de verano, una tempestad en invierno. Era como las nubes con formas sensacionales en un cielo azul. Era como una carrera de gotas de agua motivada por un niño pequeño en la ventana de un coche. Era como la playa, las olas cuando rompen, la arena templada cuando atardece, la mirada inconsciente de un pintor ante un deleitado paisaje. Pero no sólo eso. Era también como el primer beso de dos adolescentes. Era, como la idea de una cerveza cuando la sed le volvía loco. Era ni más ni menos, como el frío en  verano y el calor en invierno. Era, como el volver a enamorarse, como el placer de hacerlo por la mañana. Era como terminar de leer un buen libro, como una ducha caliente después de hacer ejercicio. Era como la risa, como el llanto. Era la contrariedad de la verdad, el lado opuesto de las cosas que menos le gustan. La motivación al despertar. Era como morir y sentirse lleno. Era como la luz que guía el camino, como el decir al final de éste: sí, era él.


-V

jueves, 26 de diciembre de 2013

Infielmente tuyo.

"Si estás leyendo esto, significa que he encontrado el valor para mandártelo. Por lo tanto, bien por mí.
No me conoces muy bien pero si me lo permites tengo tendencia a repetir una y otra vez lo duro que me resulta escribir, pero, esto es lo más difícil que he tenido que escribir nunca. No existe una manera fácil de decirlo, asi que simplemente lo diré. He conocido a alguien, fue una casualidad, yo no lo estaba buscando, no lo planeé, fue la tormenta perfecta. Ella dijo una cosa, yo dije otra... cuando me di cuenta quería pasar el resto de mi vida en mitad de aquella conversación.
Ahora tengo la sensación en mis entrañas de que puede ser ella, está completamente chiflada, de una forma que me hace sonreír, extremadamente neurótica, y exige un mantenimiento exhaustivo, ella eres tu. Esa es la buena noticia.
La mala es que no sé como estar contigo ahora, me acojona. Porque sino estoy contigo inmediatamente tengo la sensación de que nos perderemos ahí fuera.
Este es un mundo enorme y malo, lleno de vueltas y recovecos, y basta con parpadear para que desaparezca el momento. El momento que pudo cambiarlo todo.
No se lo que hay entre nosotros, y no puedo decirte porque habrías de saltar al vacío por alguien como yo. Pero hueles tan  bien... y haces un café excelente, eso también es importante, ¿verdad?.

Infielmente tuyo."

sábado, 19 de octubre de 2013

Ático del Olvido.



Está atardeciendo. Nina Simone sonando en el salón, “images”... Su voz totalmente desnuda dejaba sin habla a cualquiera. Aun recuerdo como agujereaba mi piel la primera vez que la escuché.
La luz del sol se agotaba lentamente. Lo cierto es que podía quedarme horas allí, en mi rincón viendo como se escondía el sol. Nunca lo había admitido pero tenía unas vistas preciosas. Era un ventanal bastante grande, me atrevería a decir que ocupaba toda una pared. Imaginaos... Quizá fuera más especial por la altura que tenía. Había tenido la suerte, o la desgracia de vivir en el piso más alto. Digo desgracia porque al principio odiaba aquello. Era demasiado pequeño y asquerosamente acogedor. Lo cierto es que me recordaba a ti. Y allí estaba yo. Sentada en la cama con las emociones perdidas. Entre cojines mirando un punto fijo del cielo.
Pluto, mi perro de agua, estaba tumbado al lado mía. Apoyando su cabeza en mi rodilla. No podía dejar de dar vueltas a lo ocurrido anoche. La cama sigue desecha desde que te marchaste. Esta vez no se a donde, pero no puedo evitar sonreír al ver que llevo puesta tu camisa. Me dispongo a levantarme, necesito un café. Me duele la cabeza, y los recuerdos. Camino hacia la cocina, que se encuentra dentro del salón, y mientras camino, las notas del piano suenan más fuerte en mi cabeza, ahora suena “Ne me quitte pas”. La canto bajito, como me identifica ahora esta canción: Ne me quitte pas... Il faut oublier tout peut s'oublier... Oublier le temps des malentendus, Et le temps perdu a savoir comment oublier ces heures, qui tuaient parfois a coups de pourquoi le coeur du bonheur... Ne me quitte pas...

Quedaba café en la cafetera. Ni lo calenté. Necesitaba algo amargo en mi cuerpo. De vez en cuando pasaban momentos de anoche por la cabeza. Tu sonrisa, y lo feliz que eres conmigo. El sonido de tu risa, y el beso de después. Pero, ¿por qué? Necesitaba saber el por qué de tu regreso.
Me dirigí hacia el vinilo para reproducir la misma canción. Cualquier roce de mi cara con la camisa me hacía llegar tu olor.